Solidaridad Con La Tercera Edad
En el hogar de ancianos San Vicente de Paúl nos enfrentamos a una cruel realidad: falta de apoyo económico para la supervivencia de esta institución emblemática, que antiguamente se denominaba el hogar Padre Machado. Cincuenta son las personas de la tercera edad que reciben las atenciones y el cariño de los once profesionales y seis hermanas que comanda la Hermana Petra. La mantención mensual de los abuelitos es trescientos mil pesos mensuales, estos valores no contemplan los recursos de los traslados a urgencia del hospital, los remedios y mantención de los vehículos de transporte. La situación es en extremo complicada, porque es una institución de caridad, que sólo recibe una subvención de tres millones de pesos de la municipalidad, más algunos aportes de empresarios de la Zofri, el vuelto del supermercado Palmira y las jubilaciones de los abuelitos y abuelitas, algunas incluso en tramitación. Las necesidades son múltiples y los recursos escasos, pero las hermanas suplen con voluntad y amor todas las carencias.
El déficit económico del hogar de ancianos San Vicente de Paúl, contrasta fuertemente con la información que entregara a nuestro Semanario el consejero regional, Jaime Valenzuela, que existe un arrastre de cuatro mil millones pesos, de años anteriores por mala gestión de las autoridades. No somos doctos en este tipo de materias, pero entendemos que el dinero que no se ocupa en el ejercicio del año, se resta para el año que viene, lo que significa menos presupuesto para el desarrollo regional. Nuestra intención no es provocar polémica con estas cifras, sino que estamos preocupados por estas lacerantes realidades. Explicaciones contables y administrativas deben haber muchas y todas deben ser correctas, pero el arrastre existe y nos queda la gran interrogante ¿es positiva esta acción para la región?
Por un lado, danza de millones sin ocuparse y por otro, falta de recursos, para que sobreviva un hogar de ancianos, cuya única misión es tratar de mejorar la calidad de vida en la última etapa de los abuelitos y abuelitas.
La vida al interior de la institución es grata, cordial, llena de atenciones y lo que es más importante de convivencia. El saberse todavía vital, lleno de energías positivas para entregar es fundamental a esas alturas de la vida. Entre ellos, hay deportes, bailes, elecciones de reina y la ilusión de recibir la visita de alguien querido o salir con renovado optimismo los fines de semana a entregar cariño a casa de familiares y amistades.
La tercera edad debe ser una preocupación constante de todos los estamentos de la sociedad y debemos manifestarla con solidaridad, con apoyo económico y con visitas permanentes a los abuelitos, llevándoles música con grupos folklóricos de los distintos establecimientos educacionales y otras manifestaciones artísticas. Una sonrisa de ellos es la mejor recompensa para esta noble actitud.
De todos depende que el hogar San Vicente de Paúl no cierre sus puertas. No nos lamentemos después, estamos a tiempo ahora de ayudar al fortalecimiento de esta loable institución de caridad.




